Guía práctica para construir una cultura empresarial sólida (y que todos la amen)

La cultura organizacional determina cómo se percibe una empresa dentro y fuera, por lo que resulta fundamental construirla con buenas bases.

Si pensamos en una empresa como un cuerpo, la cultura organizacional es el ADN. Así de importante es este conjunto de prácticas que constituye un código, el cual da forma y determina cómo funciona una empresa por dentro y por fuera. Pero, ¿qué es la cultura organizacional? A diferencia de lo que se piensa, no son los torneos de ping-pong, cerveza gratis y clases de zumba para los empleados. Se trata de las normas, hábitos, experiencias y valores compartidos por las personas de una organización.
“Es la llave maestra. No basta con procurar el bienestar de todos, sino que hay que construir una comunidad con objetivos. No por nada el 90% de los ejecutivos asegura que promover un propósito claro dentro de las empresas es vital para la satisfacción de los empleados, mientras que en México sólo el 22% de los trabajadores se siente altamente comprometido con los objetivos de su trabajo”, afirma Mario Cantón, director de Customer Experience de Steelcase, líder global en investigación de entornos laborales.

Pensando en lo anterior, Steelcase comparte tres requerimientos necesarios como parte de una guía para tener una cultura de negocios fuerte.

1. No son sólo palabras: los valores rigen un proyecto

De acuerdo con Tony Robbins, un escritor y experto en bienestar, las compañías con una cultura sólida se caracterizan por delinear una lista de valores aceptados por los integrantes. Por el contrario, la falta de definición de valores resta personalidad a la empresa, algo que se traduce en trabajadores desinteresados, una baja productividad, falta de confianza y libertad, frustración y, al final, una alta tasa de rotación.

No se trata de escoger palabras al azar como “compromiso”, “pasión” o “excelencia”, sino de elegir conceptos con un trasfondo, que tengan un significado para cada uno de los miembros de la comunidad. Además, una vez que han sido delimitados, no basta con presentarlos en una sola ocasión: se tienen que promover y reforzar a través de actividades, estímulos, cursos, premios, etc.

2. Un espacio que refleje lo que llevamos dentro

Las emociones y pensamientos son muy importantes, pero también lo es la experiencia del espacio, ya que este proyecta la personalidad de una empresa y nos indica cuestiones como la manera en la que se expresa, cómo se organiza, qué herramientas le brinda a los profesionales o cómo se procura su bienestar.

Un lugar con muebles cómodos, el soplo del aire, una ventana con luz natural, decoración adecuada y las facilidades tecnológicas necesarias hace toda la diferencia, además de ser un reflejo de las prioridades de una organización que reconoce que el entorno donde trabajamos se relaciona de manera directa con el compromiso y el desempeño de los empleados.

3. Empoderar a otros es empoderar a todos

Un de las mejores maneras de construir una cultura empresarial exitosa es a través del empoderamiento de todos los integrantes. Darle valor a cada quien recalca el sentido humano con el que se trata a los empleados. Hacerlo es aceptar que la unión de todos los esfuerzos es lo que hace fuerte a una organización.

La clave es promover que cada persona se crea un líder, lo que brinda la libertad de opinar, innovar y crecer. Para lograr este clima de confianza no sirven los discursos vacíos, sino que se construye en un ambiente donde existe respeto por el otro.

Estos tres soportes son esenciales a la hora de pensar en una compañía con posibilidad de crecimiento y visión humana sobre el trabajo, pues al final lo más importante es saber que si la cultura organizacional es el ADN, los profesionistas son todas y cada una de las células que hacen que el funcionamiento del cuerpo sea posible.

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