EU y China: la guerra comercial que México debe aprovechar

A finales del año pasado, tuvo relevancia la confrontación comercial que China y Estados Unidos mantenían. Un conflicto que llevó a ambas naciones -desde 2018- a intercambiar declaraciones y aranceles; y que trascendió a un contexto que puso (en su momento) nerviosos a algunos mercados y sectores. Y no era para menos ya que implicaba a las economías más importantes del planeta.

De ahí que varios países supieron aprovechar esta situación para posicionarse como “nuevas opciones” en medio de esta disputa. Uno de ellos fue México. Para entender qué ocurría en este momento, va un dato: durante la primera mitad de 2018, Estados Unidos importó 130 mil millones de dólares provenientes de China, mientras que, en el mismo periodo de 2019, la cifra bajó a 95 mil millones de dólares.

De esta cantidad, 35 mil millones de dólares que el gobierno de Donald Trump dejó de importar de la nación asiática, 21 mil millones fueron reemplazados por productos originarios de otros países. Ahí es donde México y Taiwán, se convirtieron en territorios más beneficiados, de acuerdo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.

El Gran Dragón Rojo

La relación con China también es fundamental para México. El gigante asiático es su segundo socio comercial desde 2003 (con un impacto de 55 mil millones de dólares en 2019) y la segunda fuente de importaciones.

De acuerdo con la Cámara de Comercio y Tecnología México-China, de ese país provienen gran cantidad de productos mecánicos y eléctricos, equipos de transporte, ópticos, médicos y de plástico que, en su mayoría, son traídos para producirse y exportarse. Según la Embajada de China, a inicios de este año, la inversión acumulada era de mil 800 millones de dólares, con más de 200 empresas chinas asentadas en el país.

Para quienes nos especializamos en el campo de las cadenas de suministro, era fácil identificar aquí un “triángulo virtuoso” en el que tres naciones participaban en un esquema -casi- perfecto; China exportaba a México sus productos, este los recibía para producirlos y, de ahí, los mandaba a Estados Unidos.

Con guerra comercial o sin ella, el país latinoamericano se beneficiaba ampliamente al estar en medio de estos dos gigantes comerciales. Sin embargo, se presentó un cambio abrupto con la llegada del COVID-19.

Un nuevo desafío en puerta.

En plena contingencia, aún es temprano para medir el impacto real que esta situación traerá; sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé ya -una contracción del 3% en el PIB internacional. En el terreno comercial, esto trasciende ya en algunas interrupciones de las importaciones y exportaciones de varios países.

Aquí cobra especial relevancia identificar dónde está situado México. Su principal exportador (China) e importador (Estados Unidos) tienen serios problemas en sus economías que buscan resolver a la brevedad, con importantes inyecciones de capital que alienten su reactivación. Una situación que trasciende, obviamente en las cadenas de suministro internacionales.

Por eso es importante reafirmar el papel que jugará la tecnología y la digitalización en los próximos meses:sobre todo en los esfuerzos de restauración, los cuáles ya están empezando a activarse a lo largo de toda la economía del país. Desde nuestra perspectiva y bajo este escenario, las empresas mexicanas deben contemplar:

Prever lo inesperado en un ambiente de crisis: desarrollar planes de respaldo para cualquier situación que pudiera afectar su funcionamiento.

● Revisar las ventajas que otorga el TMEC para reactivar la inversión: las condiciones establecen posibilidades para que México sea pieza fundamental en cadenas de suministro que antes dependían de China.

● Aumentar la inversión en tecnologías disruptivas: será clave para alentar la competitividad y la restauración de las operaciones comerciales del país. Una de las tendencias con mayor impacto será la representación digital de escenarios de operación.

● Alentar la participación del capital humano: a través de capacitación en el uso y aplicaciones de nuevas tecnologías; promoviendo, a su vez, el talento e innovación en los equipos de trabajo.

Aunque hoy casi todo el comercial internacional está experimentando un lento despertar, resulta obvio pensar que el entorno internacional prepara nuevas estrategias para afrontar lo que vendrá “después de la pandemia” y recuperar un poco de lo perdido en estos meses. Y en esto, estoy seguro, se perfila la modernización de las cadenas de suministro.

México debe poner especial atención en éste sentido. Con mejores prácticas e implementación de procesos automatizados, podrá estar a la par de las nuevas condiciones que vengan y de las necesidades de sus socios comerciales.

China y Estados Unidos ya lo están haciendo y no esperarán mucho para reafirmar su papel como cabezas de la economía internacional. El tiempo aquí es un factor vital. Veremos qué sucede.

Por: Rafael Vásquez, Vicepresidente Regional en LLamasoft*

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