Día de Internet: lo que no sabías sobre las conexiones a Internet en México

Si nos remontamos a los años 60, es fácil creer que nadie imaginaría que hoy en día todo lo que nos rodea depende de Internet, desde las comunicaciones y las redes sociales, hasta las transacciones financieras y la medicina. Se estima que hay 4 mil millones de usuarios de Internet en todo el mundo, de los cuales 74.3 millones son mexicanos (INEGI). Es por este motivo que resulta complicado pensar en nuestro tiempo, qué haríamos sin conexión a Internet.

La llegada de Internet a México, se remonta a finales de los años 80 cuando el Tecnológico de Monterrey y la UNAM se conectaron a Bitnet, una antigua red internacional de computadoras, a través de una línea analógica de 4 hilos a 9,600 bits por segundo.

Hoy en día en México, el 73.1% de la población que vive en las regiones urbanas utiliza Internet, mientras que en las zonas rurales sólo el 40.6% lo hace (INEGI). En este sentido, es importante mencionar que hay dos formas en las cuales se puede tener conexión: en primera instancia, se encuentran las conexiones satelitales, éstas se utilizan principalmente para aquellas zonas difíciles de llegar con cableado marítimo o terrestre, como es el caso de las zonas rurales. Por otro lado, están los cableados de fibra óptica, que se constituyen como el principal proveedor de Internet en la mayoría de las grandes ciudades. De hecho, el 97% de las conexiones globales se realizan mediante tendido de cables submarinos de fibra óptica, que luego llega a las ciudades mediante cableado terrestre.

Los expertos estiman que si uniéramos todos los cables existentes podríamos dar la vuelta al mundo 22 veces. Además, este tipo de conexiones están diseñadas para evitar que se corte Internet en caso de que algún cable tenga desperfecto. “Los cableados están diseñados para que exista redundancia: el sistema tiene forma de “anillo” y cada salida terrestre cuenta con otras vías de entrada y caminos alternativos”, explicó Ernesto Curci, VP de Servicios y Gestión de Redes de CenturyLink LATAM.

Por ejemplo, uno de los cables submarinos que conecta a México es el Pan-American Crossing (PAC) que corre por el Océano Pacifico con cerca de 10,000 kilómetros y que toca tierra en Mazatlán y Tijuana, en México y conecta con Fort Amador, Panamá, Grover Beach, CA, Estado Unidos y Unqui, Costa Rica), convirtiéndose en una salida alternativa del tráfico para las empresas mexicanas por el lado del Pacífico.

“Cabe destacar, que, en México, CenturyLink cuenta con un anillo terrestre que une la estación de cable de Mazatlán con la Ciudad de México, y desde allí, contamos con otro enlace terrestre que cruza la frontera, al sur de los Estados Unidos, vía la ciudad de McAllen. De esta forma se cierra un anillo nacional garantizando la calidad de los servicios prestados por nuestra compañía en el país”, agrega Curci.

Si bien el cable tiene un diámetro de entre 3 y 7 cm (dependiendo del tipo de que se trate) las fibras que lo componen tienen el grosor de un pelo, uno podría preguntarse ¿qué pasa cuando se requiere un mayor ancho de banda? La realidad es que la capacidad de los mismos se maneja desde los equipos instalados en las estaciones de amarre (landing stations), que aportan la tecnología necesaria para aumentar su velocidad. Hoy en día, la tecnología ha permitido aumentar hasta en 50 veces más la capacidad sin realizar cambios estructurales en los cables. Además, los cables de fibra óptica permiten un ahorro de energía del 70%.

El internet es el motor de la conectividad y las tecnologías son el combustible de las comunicaciones interpersonales, institucionales, gubernamentales y empresariales, de modo que los nuevos modelos de negocio se renuevan constantemente. Si bien México tiene una proporción de usuarios activos de Internet baja (65.8%), en comparación con otros países como Corea del Sur, Alemania o Suecia, donde la cobertura de Internet alcanza más del 90% de la población, nuestro país tiene todo el potencial económico para invertir en infraestructura que garantice la conexión y reduzca la brecha digital entre sus habitantes, haciendo del acceso a Internet, no sólo un derecho, sino también un servicio fundamental que permita el bienestar colectivo y la inclusión social. Sin lugar a duda, la expansión de la red en México, seguirá revolucionando la experiencia de los usuarios del país.

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